Curiosidades de Marruecos

Comida barata, productos típicos, hospitalidad marroquí y desconfianza. Desde luego, este país no deja indiferente, ya sea para bien o para mal…

SHAWARMA

Un shawarma es como se conoce allí al kebab. Es una apuesta segura si quieres cenar barato y estás cansado de comer brochetas, tajín o couscous. Nosotras fuimos al Café Restaurant l’Etoile, prácticamente al lado de Jemaa El Fna y con unos precios super baratos teniendo en cuenta su ubicación (unos 30 MAD por persona, que no llega ni a 3€).

Cuando ya nos estábamos acabando la comida, se nos acercó un niño pidiendo dinero, pero en vez de eso decidimos ofrecerle las patatas fritas que nos habían puesto de guarnición y que no teníamos pensado comernos, ya que estábamos llenas.

(N 31°37’30” W 7°59’20”)

El niño se sentó en nuestra mesa y comió en silencio todo el rato, no nos molestó en ningún momento y solo hizo un gesto de agradecimiento al irnos del bar. Al fin y al cabo, no toda la gente allí tiene maldad, y eso que no pudimos evitar estar pendientes de él por si nos robaba el móvil que teníamos encima de la mesa y se iba corriendo. Tal vez esa es la peor parte del viaje, la desconfianza. Por culpa de unos que te engañan ya no sabes de quién fiarte, incluso aunque otros no tengan la culpa.

Sobretodo intentaran hacerte creer que el lugar que buscas está cerrado y te guiarán hacia otro sitio (como nos pasó en los curtidores), o bien se ofrecerán amablemente a ayudarte por cualquier cosa y luego te pedirán dinero por ello (como las tatuadoras de Jemaa El Fna y sus “demostraciones”). En nuestro caso, al coincidir con el Ramadán dudamos bastante porque era más normal que los lugares estuviesen cerrados, y ya no sabíamos si creerles o no. Probablemente más de una vez rechazamos alguna ayuda verdaderamente desinteresada pensando que nos engañarían, y me sabe mal sólo de pensarlo, porque también conocimos a más de uno que se portó muy bien con nosotras, como es el caso del vendedor de al lado del Riad:

HOSPITALIDAD

Cerca de nuestro hotel siempre pasábamos por una tienda que el vendedor nos saludaba a diario (hasta aquí normal porque la mayoría lo hacen para captarte). Pero de alguna forma, su familia nos transmitía cierta confianza, y siempre nos ayudaban cuando teníamos alguna duda sin pedirnos nada a cambio. De hecho, fueron quién nos advirtieron de que no nos fiáramos cuando alguien nos dijera que tal lugar estaba cerrado.

Así que el último día, haciendo las últimas compras, no podíamos olvidarnos de visitar su tienda. El vendedor nos ofreció un té y nos preparó unos taburetes para que nos sentásemos mientras abría el “baúl del tesoro”, o así lo llamaba él. Realmente había piezas de museo en aquella pequeña tienda, y a él le encantaba sacarnos cualquier cachivache y contarnos su historia. Me enamoré de un colgante con la conocida Cruz del Sur, que ya tenía fichado desde el primer día porque un joven nos estuvo hablando de ella. Tal vez era su hijo u otro familiar, que ese último día resulta que no estaba porque había partido hacia el desierto.

La Cruz del Sur es una especie de talismán de los Tuareg que atrae buena suerte y protección, además de usarse como guía por el desierto (representa los 4 puntos cardinales). Según nos pareció entender, ellos se orientaban de alguna forma con ese amuleto: hizo una demostración metiendo un cilindro por el agujero superior, así que tal vez usaban la sombra que creaba para guiarse. Hay unas 21 cruces diferentes alusivas a 21 ciudades, pueblos o tribus del Níger, cada una con un diseño diferente (aunque parecido). La que yo me llevé era la de Agadez, y me costó 80 MAD. También quería comprar algún collar más colorido y tribal, pero ya eran bastante más caros. De todas formas, me dejó uno a muy buen precio, unos 220 dirhams (cuando la mayoría pasaban de los 400).

Aunque ya habíamos realizado nuestra compra, nos siguió enseñando los tesoros de su pequeña cueva, le encantaba charlar (y a nosotras saber más de la cultura) así que perfecto. Y eso que chapurreaba poco el español, y de vez en cuando decía alguna palabra en inglés o francés ayudándose de gestos para comunicarse, un mix vaya. Nos enseñó, entre otras cosas, un anillo gigante que se ve que usan los hombres que aún se dedican al trueque, y también una madera con inscripciones árabes medio borradas que resultó ser el soporte donde se escribe la dote en las bodas.

Cuando ya nos fuimos y nos despedimos del vendedor, el hombre nos regaló una mano de Fátima a cada una, para usarla de pendiente o ponerla en una cadena.

ARGÁN

El argán es típico marroquí, ya que el árbol sólo crece allí. Es el combustible de la sociedad Bereber y su aceite sirve de condimento para muchas comidas. Sobretodo es conocido por sus beneficios cosméticos: ideal como hidratante corporal o del cabello, al que aporta brillo y suavidad. Recomendado para el acné, para ayudar a la cicatrización y disminución de estrías, prevenir el envejecimiento, calmar irritaciones, etc.

Nosotras nos llevamos 8 botecitos de aceite (pensando siempre en la maleta de mano, que era el único equipaje que llevábamos, así que no podían superar los 100 ml). Nos salieron por 120 dírhams, que en realidad ese era el precio de 6 botes porque valían 20 MAD cada uno. Pero el vendedor nos acabó regalando 2 botecitos, además de unas pastillas con perfume para poner en armarios. Esto es porque los primeros días pasábamos por su tienda y siempre le decíamos que antes de irnos se los compraríamos. Supongo que se pensaba que le dábamos largas y no pensábamos hacerlo, y se sorprendió gratamente al vernos entrar a su tienda justo el último día (al volver de la excursión).

 

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