De Marrakech al desierto de Zagora

Contratamos una excursión con GetYourGuide para visitar un campamento Bereber y dormir entre las dunas del Sáhara. Nos salió por un total de 204€, es decir, 68 por persona. Se tardan unas 7-8h en llegar a la entrada del desierto, pero se hacen más amenas de lo que parece gracias a las diversas paradas durante el recorrido…

MIÉRCOLES 28 DE JUNIO (2017) – IDA AL DESIERTO

Hacia las 7am salimos del Riad y nos dirigimos a la plaza más cercana, donde nos recogía la furgoneta de la excursión. Fueron muy puntuales, de hecho 10 minutos antes ya estaban allí igual que nosotras. Luego nos dirigimos a recoger a otra familia que venía con nosotros (ya que la excursión no era privada, sino en grupo, que es más barato). Esta familia sí que se hizo de rogar, y les estuvimos esperando bastante rato.

Cuando finalmente llegó el grupo de australianos, el conductor de nuestra furgoneta nos llevó hasta el minibús con el que iniciaríamos la ruta. Estaba lleno, seguramente se habían dividido en varias furgonetas como la nuestra para ir a buscar a los demás. Nos estaban todos esperando, llegábamos últimos. Seríamos en total unas 17 personas aproximadamente, de diferentes lugares del mundo.

No pudimos escoger asiento porque estaban ya todos ocupados, sólo quedaba un lugar al lado del conductor y otros dos detrás de él. Estar cerca del conductor nos benefició, así que realmente tuvimos suerte e hicimos todo lo posible por mantener esos sitios durante las diferentes paradas que realizábamos (eran obligatorias cada 2 o 3 horas).

El señor era un simple conductor, no un guía turístico (ya lo especificaba al contratar la excursión), pero al estar sentadas con él durante tantas horas, acabamos entablando conversación. Es decir, fuimos las privilegiadas a las que nos explicaba curiosidades sobre el paisaje o la cultura que el resto del grupo no llegó a enterarse.

Otro de los beneficios de estar sentadas con él era que tenía la ventanilla bajada y nos daba más directo el aire, en cambio los del fondo no paraban de quejarse del calor (aunque había aire acondicionado, pero las temperaturas eran demasiado altas). De hecho, podíamos ver los grados en un aparato que había en el techo del vehículo… ¡Llegamos a pasar de los 48ºC!

La primera parada que hicimos fue en un bar que tenía lavabos (pero había que pagar por entrar) y allí conocimos a unos catalanes de Girona que resulta que iban al fondo de nuestro minibús. Nos juntamos bastante con ellos durante toda la excursión.

El viaje no se hizo tan largo como esperábamos, ya que las diferentes paradas que hacíamos eran entretenidas, por ejemplo la zona de la cordillera del Atlas, con unos paisajes increíblemente coloridos (tonos verdes, amarillos y rojizos). También pasamos por el alto de Tichka, que según el conductor era el paso de carreteras más alto del Norte de África (2260 metros).

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(N 31º17’09” W 7º22’51”)

Además, durante el recorrido por las carreteras podíamos ver cómo era la vida rural: mujeres cargando peso sobre sus cabezas, burros cargados hasta arriba de paja, puestos de artesanía en mitad de la nada (se ve que si contratas una excursión privada puedes pedir parar en cualquiera de estos sitios), incluso niños subidos en la zona de carga trasera de los camiones sin ningún tipo de seguridad. Pasamos también por una especie de “oasis” por el que pasaba abundante agua, rodeada por un extenso palmeral. El conductor nos explicaba que aquello era un río grande que cruzaba el valle y esas palmeras llegaban hasta la frontera con Algeria. De ahí se sacan los dátiles, que se recogen a finales de octubre, y hay más de 24 variedades diferentes.

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La parada más significativa del viaje de ida era al mediodía, en Ait Ben Haddou, lugar donde también comeríamos. Allí un guía ya nos estaba esperando, pero ya habíamos sido informados de que no entraba en el precio total de la excursión, así que había que pagarle 20 dírhams extra por persona. El guía, vestido de azul, se llamaba Mohammed (Moha para los amigos) y era muy simpático y bromista, su lema Bereber es “la prisa mata y la pachorra remata”. Explicaba en inglés, pero cuando se dio cuenta que mi prima no le entendía, nos lo empezó a traducir a nosotras en privado: Ait Ben Haddou fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987 y ha sido escenario de películas como Indiana Jones, La Momia, Gladiador, el Príncipe de Persia… o de series como Juego de Tronos.

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El río que pasa por delante (Ounila) es salado y estaba seco, aunque en invierno aun corre agua y para pasar se colocan sacos a modo de camino. Recientemente se había construido un puente para llegar al otro lado, pero antes de su existencia la única opción para atravesar el río era a lomos de burros o dromedarios. La mayoría de habitantes se trasladaron al otro lado del río, muy pocas familias siguen viviendo dentro del ksar. Mientras las kasbah son casas fortificadas, el ksar es una ciudad amurallada que a su vez puede contar con varias kasbah.

La visita a Ait Ben Haddou fue tal vez uno de los momentos más cansados y calurosos de nuestra estancia en Marruecos: a pleno sol del mediodía, con pocas zonas de sombra en las que descansar y con muchas cuestas pronunciadas hasta que subimos arriba de todo.

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(N 31°02’52” W 7°07’49”)

Después nos llevaron a comer en un restaurante por la zona, que tampoco estaba incluido y era algo caro para ser Marruecos, pero ya sabíamos que nos la iban a clavar en todos los sitios a los que nos llevasen en la excursión. Nos salió por 190 dirhams (17€) y comimos lo de siempre, couscous y tajine.

También cogimos alguna ensalada y de postre había melón y sandía, que pillamos con muchas ganas. Hay que evitar comer ensalada y según qué frutas por allí, por si se lavan con agua en mal estado (por eso es recomendable beber sólo agua embotellada) pero en ese restaurante nos arriesgamos porque parecía de calidad y nos apetecía ya algo diferente. Se aconseja llevar medicamentos anti-diarreicos por lo que pueda pasar, pero por suerte no llegamos a usarlos. Aprovechamos para ir al lavabo en ese restaurante, ya que era de los pocos que habíamos visto que no había que pagar para entrar (hay lugares que incluso aunque hayas consumido allí tienes que dar dinero para el WC).

(N 31º02’47” W 7º08’03”)

Al salir ya nos despedimos de Moha y continuamos unos 30 km desde Ait Ben Haddou hasta llegar a Ouarzazate, conocida como la Puerta del Desierto. Allí compramos provisiones para la estada en el desierto, ya que teníamos incluida una cena en el campamento bereber, pero no lo estaban las bebidas. Así que compramos muchas botellas de agua (algunas congeladas para que nos durasen más) y las repartimos entre nuestras 3 mochilas. También pillamos algo de “snacks de supervivencia” por si necesitábamos algo dulce en algún momento de posible mareo por el sol. Entre todas las bebidas y patatas gastamos unos 70 dirhams.

Finalmente, después de todo el día en la carretera, llegamos al desierto de Zagora. Éste es más árido y con menos dunas que el de Merzouga, pero si tienes pocos días como nosotras es más apropiado por cercanía (unos 360 km desde Marrakech). En cambio, desde Marrakech hasta Merzouga hay unos 550 km que se tardan en recorrer más de 10 horas, por lo que lo normal es dormir una noche a la ida y otra a la vuelta. Se dice que las dunas de países como Argelia y Libia están mejor consideradas, aunque las de Erg Chebbi (al sur de Merzouga) alcanzan los 150 metros de altura y no tienen nada que envidiarlas.

(N 30°21’05” W 5°44’42”)

El conductor del minibús nos dejó a un lado de la carretera, donde nos esperaban los Bereber con sus camellos, y se despidió del grupo. Él se iba a dormir a un hotel, y nos pasaría a recoger por la mañana en el mismo punto. Aún nos quedaba por delante 1h y media de paseo en camello (que en realidad en Marruecos son dromedarios porque tienen una joroba) hasta llegar al campamento entre las dunas. Hicimos una parada a mitad de camino porque se estaba poniendo el sol y así pudimos hacer fotos más estáticas del atardecer.

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(N 30°20’39” W 5°46’19”)

Cuando llegamos vimos la amplia zona de descanso que tenían los dromedarios, nos bajamos y les quitaron a todos las monturas y las cuerdas para que estuviesen cómodos. Lo primero que hicimos fue repartirnos las jaimas (tiendas de campaña que usan los nómadas árabes) y por suerte tuvimos una sola para las 3. Nosotras pensábamos que serían para grupos grandes y las habría que compartir con otras familias.

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(N 30°21’09” W 5°44’54”)

La zona central del campamento estaba cubierta con coloridas alfombras donde nos reunimos todos y los Bereberes nos ofrecieron té, pastas y cacahuetes. Allí charlamos un poco con ellos y también pudimos conocer mejor al resto del grupo, ya que hasta el momento sólo habíamos hablado con los catalanes. Había una pareja de brasileños, un un joven chino que viajaba solo, los australianos que habían llegado tarde, etc. Después del picoteo nos sentamos en las mesas para la cena tradicional bereber, lo que viene a ser más couscous y más tajine. ¡Aunque cabe decir que fueron los más ricos que probamos en todo el viaje!

Después de cenar invadimos las duchas antes de que se formase cola, fuimos las primeras. La verdad es que la zona de los lavabos nos sorprendió para bien. Había 3 duchas (que podrían haber sido unas 5 perfectamente) porque eran bastante amplias.

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(N 30°21’09” W 5°44’54”)

Antes de ir a dormir, los Bereberes nos reunieron alrededor de una hoguera y tocaron su música tradicional bajo el cielo estrellado (¡se podía hasta observar hasta la Vía Láctea!). Aunque el grupo de la excursión era algo soso y no estaba mucho por la fiesta… La mayoría ni aplaudían y se iban yendo poco a poco hasta que nos quedamos nosotras 3 solas con la tribu. Entonces se sentaron delante nuestro y nos ofrecieron sus instrumentos para tocar con ellos, hasta se sabían canciones españolas mejor que nosotras. Uno de ellos tocaba la guitarra y cuando le preguntamos cómo había aprendido, nos sorprendió diciendo que tocaba de oído, de las canciones que había escuchado con otros turistas (Hotel California, por ejemplo).

Después dejamos la música a parte y charlamos algo más con ellos sobre sus costumbres y familias numerosas. Nos contaron la diferencia entre las 3 etnias del Sáhara (bereber, tuareg y beduinos) que es prácticamente que cada una tiene su propio dialecto.

(N 30°21’09” W 5°44’54”)

Nos comentaron que realmente estábamos a las puertas del desierto, y que para adentrarse y conocer mejor el Sáhara se necesitaban por lo menos un par de días más. Pero aun así, lo poco que estábamos descubriendo ya era alucinante…

Nos hubiéramos pasado toda la noche charlando y observando el espectáculo que nos ofrecían las estrellas, pero ya tocaba ir a dormir, que al día siguiente había que madrugar bastante si queríamos ver la salida del sol. En la jaima hacía algo de calor, y eso que llevábamos sudaderas pensando que haría frío de noche en el desierto. También había algún que otro bichillo en la tienda, pero fingimos no verlos y ¡a descansar! Por lo menos no eran escorpiones.

JUEVES 29 DE JUNIO (2017) – VUELTA DEL DESIERTO

Nos levantamos hacia las 5 de la mañana con la intención de subir a la cima de una duna que no parecía muy alta, pero fue horrible. Cada paso que dábamos caíamos 3, los pies se hundían demasiado. Cuando llegamos arriba estábamos prácticamente sin aire y con el corazón a mil. Mi prima hasta se mareó y tuvo que tumbarse y cerrar los ojos un rato. La salida del sol no fue tan espectacular como el atardecer del día anterior, ya que una montaña rocosa estaba en todo el medio. Aun así, sentados en la arena íbamos viendo cómo ésta cambiaba de color entre gris, rosa, naranja… a juego con el cielo.

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(N 30°21’05” W 5°44’42”)

Me hubiese pasado allí toda la mañana (o al menos hasta que empezase a picar el sol) pero en media hora nos estarían esperando con el desayuno en el campamento, así que tuvimos que empezar a bajar. Nos habían preparado zumos, cafés, pastas y yogures.

(N 30°21’09” W 5°44’54”)

Después del desayuno, recogimos todo lo que teníamos en la jaima y fuimos hasta la zona de los dromedarios, que ya estaban listos para partir. Una vez nos reencontramos con el conductor, iniciamos el trayecto de vuelta, conservando nuestros mismos asientos privilegiados. La parada más significativa fue en Ouarzazate, donde teníamos tiempo libre para visitar la kasbah o bien el museo del cine, pero la entrada no estaba incluida en el precio de la excursión. La mayoría optaron por ver la ciudad, pero nosotras fuimos junto con los de Girona al museo (ya que si ibas en grupos de unas 10 personas la entrada salía más barata). Aun así nosotros no llegábamos a 10, éramos 7 en total, así que la entrada nos hubiese costado igualmente 30 dírhams por persona si no llega a ser por el conductor, que convenció a los del museo para reducirnos el precio a 15.

Vimos diferentes platós donde se han rodado varias películas, todo parecía real pero era de cartón-piedra. Había desde celdas hasta tronos, decorados egipcios, cuevas, aviones, leones, etc. Lástima que no nos diese tiempo de ver los Atlas Studios, los más famosos de allí, pero la visita al museo compensó algo.

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(N 30°55’18” W 6°53’58”)

Finalmente proseguimos hasta la última parada, que fue al mediodía para comer en un bar  (nos gastamos 120 dirhams en una tortilla y algo más, pero lo que más nos sorprendió fue el elevado precio de los helados). Llegamos a Marrakech a media tarde, así que nos sobró algo de tiempo tiempo para hacer las últimas compras por el zoco antes de volver a casa.

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