Marrakech Express – Qué ver en 2 días

De los cuatro días que teníamos para visitar la ciudad, acabamos renunciando a la mitad para poder visitar el desierto. Se puede decir que en 2 únicos días vimos todo lo imprescindible, incluso teniendo en cuenta que las primeras horas íbamos perdidas y no encontramos gran cosa…

LUNES 26 DE JUNIO (2017)

Llegamos por la mañana, y desde el aeropuerto cogimos un taxi hasta el centro. Durante el camino pudimos divisar la cantidad de minaretes de mezquitas que había por todos lados, y sobre todo la más conocida, la Koutubia. Por desgracia sólo se puede ver desde fuera, porque como sucede en el resto de mezquitas, la entrada está prohibida a los no musulmanes.

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(N 31°37’29” W 7°59’30”)

El taxi nos llevó hasta la medina, y después de dejar las maletas en nuestro hotel (que tardamos bastante en encontrar), iniciamos la ruta de reconocimiento. Fuimos hasta la famosa plaza Jemaa El Fna buscando una casa de cambio, y finalmente acabamos canjeando las monedas en el Hôtel Ali. Una vez teníamos nuestros dírhams, dimos una vuelta por los alrededores y comimos en una de las terrazas. Los precios de estos restaurantes con vistas a la plaza son algo más caros que el resto, pero merece la pena por lo menos ir a tomar algo durante la puesta de sol.

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(N 31º37’33” W 7º59’20”)

La plaza va transformándose a medida que avanzan las horas: durante el día está llena de puestos de zumo y especias, encantadores de serpientes y domadores de monos (¡MALTRATO ANIMAL!), mientras que por la noche se convierte en el escenario de espectáculos improvisados, así como puestos de comida muy baratos para cenar.

Aunque no es una visita imprescindible, también fuimos los Curtidores, un lugar interesante pero muy maloliente. Acabamos allí algo engañadas, ya que buscábamos otro lugar en ese momento, pero los locales nos dijeron que estaba cerrado y que visitáramos este sitio. Efectivamente era mentira que estuviera cerrado y tuvimos que pagar la novatada, gastando 50 MAD en un guía (que seguramente los locales conocían y se llevarían comisión).

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(N 31º38’00” W 7º58’42”)

El guía nos explicó el proceso de fabricación de las pieles, que se lavan usando excrementos de paloma y amoniaco…Nos ofrecieron un matojo de menta para ir oliendo durante la visita, porque sino era insoportable. Para finalizar, el guía nos llevó a lo alto de un edificio para ver las vistas desde arriba, y tras hacer algunas fotos acabamos en una tienda donde había alfombras, babuchas y accesorios de piel como bolsos o carteras.  Era otra encerrona, aunque el vendedor que nos atendió fue muy amable invitándonos a un té y explicándonos historias. Insistió en que no debíamos sentirnos obligadas a comprar, aunque al final alguna cartera cayó…

MARTES 27 DE JUNIO (2017)

El día anterior, entre engaños e intentar acostumbrarnos al lugar, no nos dio tiempo a ver mucho. Así que realmente solo nos quedaba un día para hacer todo el turismo que habíamos previsto, y había que aprovecharlo al máximo. Nos despertamos por la mañana con una ruta bien clara y con la convicción de que no debíamos dejarnos guiar por nadie si no queríamos acabar en otros lugares.

Empezamos cogiendo un taxi que nos llevó hasta los Jardines Majorelle, que están a aproximadamente 10 o 15 minutos en coche desde la plaza Jemaa El Fna. Aunque la entrada es cara en comparación con el resto de lugares de Marrakech (70 MAD por persona), valió mucho la pena. El lugar, creado por el artista Jacques Majorelle, fue adquirido y restaurado más tarde por el diseñador Yves Saint Laurent. Además, lo que había sido el taller del artista ahora es la sede del Museo de Arte Islámico (que decidimos no visitar porque ya teníamos en mente ver el Museo de Marrakech por la tarde).

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(N 31º38’30” W 8º00’10”)

Los jardines están en el barrio de Guéliz, la parte más exclusiva y moderna de Marrakech. Pudimos ver algo desde el taxi, aunque por falta de tiempo decidimos no visitarla, porque preferíamos aprovechar para adentrarnos más en la cultura marroquí que en la misma que tenemos en España. Es decir, allí encontraras tiendas de ropa como Zara y restaurantes más occidentales, incluso un McDonald’s. Así que es un buen sitio al que ir si te cansas de la comida marroquí.

Al salir de los jardines cogimos otro taxi que nos acercó a las Tumbas Saadíes. Están cerca del barrio judío, al que no aconsejan acercarse mucho de noche para evitar conflictos. Este lugar era el otro punto “más apartado” que queríamos ver, aunque desde ahí sí que nos pillaba cerca la plaza Jemaa El Fna y podíamos volver caminando tranquilamente.

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(N 31º37’02” W 7º59’20”)

Se paga una pequeña entrada para visitar las tumbas (10 MAD por persona), y aunque el sitio no es muy grande, la decoración sí que es impresionante. Se pueden ver las tumbas en las que están enterrados los guerreros de la dinastía saadí, todas llenas de mosaicos. En el mausoleo principal descansa el sultán Ahmad al-Mansur y su familia.

Al salir de allí fuimos caminando hasta la plaza para buscar algo de comer, pasando por la mezquita Moulay El Yazid, que está justo al lado de las tumbas.

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(N 31º37’04” W 7º59’22”)

Después de comer pasamos por la Koubba Almorávide, el monumento más antiguo de la ciudad, aunque sólo la observamos desde fuera ya que no queríamos desviarnos. Nos dirigíamos al Museo de Marrakech, que estaba justo a su lado.

(N 31º37’53” W 7º59’14”)

También tuvimos que pagar 50 MAD por persona para acceder al museo, que es un palacio donde residió el antiguo ministro de defensa del sultán Moulay Abdelaziz. Lo verdaderamente impresionante del lugar no son sus exposiciones (colecciones de cerámica, armas, alfombras y otros objetos tradicionales) sino la arquitectura. La parte principal del museo es su patio, presidido por una gran lámpara y fuentes.

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(N 31º37’54” W 7º59’10”)

Saliendo del museo a la derecha, caminamos unos metros a través de un callejón hasta llegar a la Madraza Ben Youssef, que es la más grande de Marruecos. Una madraza o medersa es un colegio musulmán de estudios superiores, concretamente religiosos. Contrasta el austero aspecto de sus 130 celdas (que permitieron alojar hasta 900 estudiantes) en comparación con el increíble patio interior. La entrada nos salió a 20 MAD por persona.

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(N 31º37’55” W 7º59’12”)

Como al salir de la madraza ya nos dieron prácticamente las 6 de la tarde (hora a la que la mayoría de lugares turísticos cierran) no pudimos visitar gran cosa más. Así que decidimos perdernos por la medina y hacer la compra de souvenirs en el zoco, porque los dos días que nos quedaban allí ya eran de excursión y no podríamos hacerlo en otro momento.

El zoco se extiende desde el norte de la plaza Jemaa El Fna, y es un laberinto de callejuelas llenas de puestos y tiendas para comprar ropa, especias, comida y productos típicos. Los artesanos se agrupan en gremios y les encanta regatear (el truco está en no pagar más de un tercio de lo que os pidan al principio). Podéis ver lo que nos costó cada cosa aquí.

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A los vendedores les encanta charlar, y aunque algunos resultan pesados y agobiantes porque no dejan que te marches, también había otros muy simpáticos que nos invitaban a té y nos explicaban la historia de los cachivaches que guardaban. Por ejemplo, compré un llavero que parecía una especie de daga, pero resultó ser una fíbula que la tribu de los bereber usaba para sujetar la ropa. Las mujeres también la utilizaban para asegurar la tela que agarraba a sus bebés cuando los llevaban en la espalda.

En conclusión, pudimos visitar todo lo imprescindible en un día, aunque tuvimos que renunciar a otros lugares menos prioritarios como el Palacio Bahia y el Palacio de Badi, entre otros. Tampoco visitamos le Jardin Secret o los Jardines de Menara, pero con el de Majorelle ya estábamos satisfechas.

RECOMENDACIÓN: Sobre todo informarse bien de los horarios de cada lugar, ya que suelen cerrar pronto (hacia las 18h).

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