Sandos Papagayo – Opinión

Cuando llegamos a Sandos Papagayo no nos lo podíamos creer. ¡Era inmenso! La recepcionista que nos atendió en el edificio central nos ofreció un mapa, y entonces fuimos conscientes del pedazo de lujo que nos había tocado. Después de que nos pusieran la pulserita de todo incluido, nos señalaron cómo llegar a nuestra habitación:

HABITACIÓN

Nosotros estábamos en el edificio G, justo enfrente de una de las piscinas. Desde el pasillo que llevaba a nuestra puerta, podíamos asomarnos a un balcón con estas vistas:

(N 28º51’29” W 13º47’52”)

En la habitación teníamos todo lo que queríamos, un espacio amplio con televisión, sofá, bañera y una cama gigante con las almohadas más cómodas sobre las que he dormido nunca. Aunque no tuviéramos vistas directas al mar como los edificios A, B, C y D, disponíamos de una terracita para ver el cielo estrellado de noche. Justo delante había un terreno infinito de roca que lleva hasta las playas de Papagayo, y mucha gente jugaba con las piedras para escribir mensajes en el suelo y verlos desde el balcón (queríamos hacerlo nosotros también pero se nos acabó pasando).

(N 28º51’29” W 13º47’51”)

SERVICIOS

Aquel resort era prácticamente una ciudad, no nos hacía falta ni salir al exterior porque ya tenía de todo: tiendas, bares, teatro, piscina, gimnasio, spa, y ¡hasta peluquería y servicio médico privado! (este último se ofrecía de lunes a viernes de 14:00 a 15:00 horas).

En recepción también nos informaron sobre las comidas:

  • Restaurante Internacional: buffet libre donde se ofrecía el desayuno de 8:00-10:30h, y también abría a la hora de comer (13:00-15:15h) y de cenar (19:30-22:15h).
  • Pizzeria Venetto: restaurante italiano, abierto para comer (13:00-15:15h) y cenar (19:30-22:15h). También era buffet, pero centrado en pasta y pizza. Había un parmesano gigante del que servirte, lo cual suma muchos puntos si eres un amante del queso como yo. Estaba conectado justo al lado del restaurante internacional, de hecho podías estar comiendo en el buffet normal y e irte a por una pizza del italiano y volver.

(N 28º51’32” W 13º47’57”)

  • Restaurante Fusion: este era más exclusivo, sólo estaba abierto para cenar (19:30-21:45h) y había que reservar con antelación para ir. Pensábamos que sería la excepción y que se tendría que pagar a parte del “todo incluido”, pero no fue así. ¡También era gratis! Así que no tardamos en reservar en la misma recepción para dos noches (ya que cada día iban intercalando comida asiática con mexicana, y queríamos probar ambas). Nos sorprendimos gratamente al ver que también era buffet, de alguna forma nos lo imaginábamos diferente al resto. Porque sí, tal vez es común encontrar buffet libres de comida asiática, pero ¡nunca habíamos visto uno mexicano!

Además de todos los restaurantes, también había un montón de bares con sus diferentes horarios. Por ejemplo, había uno en el teatro, otro en la piscina, el de la terraza Chill-out, el Bar Verde (sólo para adultos) y si te apetecía algo a media noche, también estaba abierto el Snack Bar nocturno de 22:30h hasta las 8:00h que empezaba el desayuno. Así que tranquilos, que hambre no podéis pasar.

(N 28º51’30” W 13º47’55”)

ACTIVIDADES

Siempre hay algo para hacer, ya sea relajarte en la piscina o el spa o bien jugar y hacer deporte en la cancha. Por ejemplo, puedes hacer yoga con los monitores, jugar al bingo o la petanca, hacer tiro con arco, dardos, etc. Incluso dispone de un centro de buceo. Así que da igual la edad que tengas, ¡disfrutarás igual!

Nosotros alquilamos material para jugar al minigolf, pagamos 5€ pero al dejarlo nos lo devolvían. Donde sí que nos gastamos dinero fue en la zona recreativa, que disponía de consolas para videojuegos, billar, etc. Valía lo habitual, 1€ por minijuego. Eso sí, jugar a la PlayStation o la Xbox no merecía la pena, los minutos pasan más rápido de lo que parece y la mitad del rato lo gastas ajustando las opciones del juego.

(N 28º51’33” W 13º47’54”)

PD: mientras jugábamos al minigolf se nos acercó un fotógrafo del hotel y nos hizo “sesioneo”. También tuvimos otro el primer día cuando fuimos a cenar. Estos fotógrafos intentaran hacerte fotos chulas, que luego puedes ver al lado del restaurante internacional. Eso sí, prepárate porque como te guste alguna, como mínimo te gastas 10€. También se podía pedir varias en un pendrive o un CD, pero los precios subían bastante más. Por suerte, nosotros ya teníamos a nuestros fotógrafos particulares…¡el trípode y el temporizador!

CÓMO LLEGAR

Desde el aeropuerto lo más sencillo es coger un taxi, pero también lo más caro (unos 40€). Así que nosotros optamos por la opción menos cómoda pero más barata: el bus.

Con Google Maps no hay mucha información sobre las líneas ni paradas de la isla, pero descubrimos una aplicación gratuita que sí que la tiene. Se llama Moovit y funciona bastante similar al Maps, pones tu lugar de origen y el de destino, y te encuentra el transporte para llegar.

La ruta que hicimos fue la 1a opción:

  • Bus 161: Aeropuerto – Playa Blanca (3,30€ por persona)
  • Bus 30: Circular por el interior de Playa Blanca (1,40€ por persona)

Cuando finalmente llegamos al hotel, en recepción nos comentaron que disponíamos de un bus gratuito desde el resort hasta Playa Blanca (y viceversa) y nos facilitaron los horarios. Así que, el último día al volver, nos ahorramos pagar el bus circular. Eso sí, el bus del hotel tiene una única parada en Playa Blanca (no hace ruta por varios puntos), así que tuvimos que andar un cuarto de hora aproximadamente hasta la Estación de Guaguas (N 28º51’52” W 13º49’54”) para coger el bus 161 hasta el aeropuerto.

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